El hombre en el escritorio. / The man at the desk.

El hombre en el escritorio. / The man at the desk.

Soy el hombre en el escritorio, un código que cumple con sus funciones. Mis ojos aletargados parpadean cada vez más lento, mientras mi rostro pálido es fulminado por la intensa luz, quemando mis pupilas, de esta pantalla en la cual escribo mis reportes. Día y noche, sin descanso, pequeños trabajos. He perdido la noción del tiempo, sin saber el día, sin saber la hora. El ratón es solo una extensión más de mi mano, y mis oídos se han obligado a ensordecerse para no tener que escuchar a mi alrededor. No quiero ser perturbado por algo que no tenga que ver con esta monótona rutina de estar sentado en este calvario, viendo mi rostro en las reuniones, leyendo acerca de los problemas que dan otros problemas en esta empresa donde las personas solo vienen a mí por sus problemas. Aquí estoy yo, mirando un cuadro de Excel vacío, intentando llenarlo, drenando mis sueños, perdiendo mis sentimientos, parco y callado, cansado y despierto. Viendo a la nada, pero absorto en las molestias que me causa esta rutina. Soy un número más en este programa corporativo donde recibo poco por lo mucho que hago, y hago mucho por lo poco que recibo. ¿En qué momento caí en este abismo del que no puedo salir? ¿Cuándo fue la última vez que me paré de aquí? Salí a caminar, corrí, volé. Me reí con mis amigos, si es que los tuve. ¿Cuándo olvidé que estoy atrapado en un algoritmo, un pacto con el diablo, una herramienta donde drenan tu vida y recibes dinero a cambio? Dinero que se va para pagar los gastos, dinero robado por otras empresas. Complejo de mártir, creencia de héroe. ¿Quién soy acaso yo para sentirme diferente? Solo un número más ante los ojos de un millonario. Un engranaje más en esta máquina llamada empresariado mundial. ¿Qué de especial tengo? ¿Qué es lo que hago? Soy el hombre en el escritorio, viendo a personas creyendo ser algo más que seres abusados.


I am the man at the desk, a code that does its job. My lethargic eyes blink increasingly slowly, while my pale face is struck by the intense light, burning my pupils, of this screen on which I write my reports. Day and night, without rest, small jobs. I have lost track of time, without knowing the day, without knowing the time. The mouse is just another extension of my hand, and my ears have been forced to become deaf so I don’t have to listen to my surroundings. I don’t want to be disturbed by anything that doesn’t have to do with this monotonous routine of sitting through this ordeal, seeing my face in meetings, reading about the problems that cause other problems in this company where people only come to me for their reasons. issues. Here I am, looking at an empty Excel table, trying to fill it, draining my dreams, losing my feelings, slow and quiet, tired and awake. Staring at nothing, but absorbed in the inconvenience that this routine causes me. I am just another number in this corporate program where I receive little for how much I do, and I do a lot for how little I receive. At what moment did I fall into this abyss from which I cannot get out? When was the last time I stopped here? I went for a walk, I ran, I flew. I laughed with my friends, if I had any. When did I forget that I am trapped in an algorithm, a pact with the devil, a tool where they drain your life and you receive money in return? Money that goes to pay expenses, money stolen by other companies. Martyr complex, hero belief. Who am I to feel different? Just another number in the eyes of a millionaire. One more cog in this machine called global entrepreneurship. What’s special about me? What do I do? I’m the man at the desk, watching people believe they’re something other than abused beings.

Ella / Her

Ella / Her

Ella era como una suave brisa en medio del caos universitario, una presencia cálida y sutil que hacia gala de su pasión por el conocimiento. Ella observaba sus libros con esos hermoso ojos color caramelo, irradiando una paz única, capaz de calmar mis torpezas al tratar de entender la lección. Cada vez que sonreía, el mundo parecía detenerse por un instante, aunque sólo pudiera escuchar su bella voz.

Nuestro encuentro fue por azares del destino. En un punto cualquiera del campus, en medio de aquel jardín. Desde el primer momento, vi lo pura de su alma, la vi caminando despertando una serie de sentimientos que nunca antes pensé sentir. Ella de piel canela, cabello negro, ojos almendrados, nariz cóncava y labios delgados. Ella hermosa en su simpleza, dejándome absorto en su mundo lleno de matices en su vasto intelecto propio de un genio que no sabe nada del amor.

Caminamos juntos por pasillo iluminados, calles oscuras, parques adornados por la luna y playas intensas por el sol, compartiendo sueños y secretos, ilusiones y fracasos, discrepancias y concordancias, besos y abrazos. En cada mirada, encontraba un refugio donde perderme, un lugar donde hallar la paz en medio del frenesí de la sociedad. Juntos, creamos un hábitat paralelo donde el tiempo se detenía, donde el amor fluía como un río eterno. Donde podíamos amar.

A veces, me sorprendía pensando en ella en medio de la rutina diaria, recordando su aroma, su risa, su forma de andar. Cada pequeño detalle se convertía en un tesoro que atesoraba en lo más profundo de mi corazón. Y en esos momentos de añoranza, sentía la certeza de que ella estaría igual.

Aunque el tiempo pasara y las estaciones cambiaban, nuestro amor permanecía inmutable, como un faro en medio de la tempestad. Juntos enfrentamos desafíos terribles, superamos obstáculos y celebramos victorias, reímos y lloramos pero nunca nos dejamos amedrentar. Porque en su abrazo encontré el hogar que siempre había buscado, en su sonrisa encontré la felicidad que creía perdida.

Ella, a veces fuego y a veces hielo, me enseñó que el verdadero amor trasciende las palabras y se expresa en los pequeños gestos cotidianos. Y así, entre risas y complicidades, entre sueños compartidos y promesas susurradas al viento, construimos nuestra propia historia de amor, nuestro propio hogar.

Lo sé, los tiempos han cambiado y las relaciones hoy, no suelen perdurar. Pero ella me enseño que el verdadero camino es cuando dos opuestos en todo sentido tienen la intensión, la fuerza, la necesidad, el hambre y la valentía de querer perseverar.


She was like a soft breeze in the middle of the university chaos, a warm and subtle presence that showed off her passion for knowledge. She looked at her books with those beautiful caramel-colored eyes, radiating a unique peace, capable of calming my clumsiness when trying to understand the lesson. Every time she smiled, the world seemed to stop for an instant, even though all she could hear was her beautiful voice.

Our meeting was by chance of fate. At any point on the campus, in the middle of that garden. From the first moment, I saw how pure her soul was, I saw her walking awakening a series of feelings that I never thought I would feel before. She has tan skin, black hair, almond-shaped eyes, a concave nose and thin lips. She beautiful in her simplicity, leaving me absorbed in her world full of nuances in her vast intellect typical of a genius who knows nothing about love.

We walk together through illuminated hallways, dark streets, parks adorned by the moon and beaches intense by the sun, sharing dreams and secrets, illusions and failures, discrepancies and agreements, kisses and hugs. In every look, I found a refuge to lose myself, a place to find peace in the midst of the frenzy of society. Together, we created a parallel habitat where time stood still, where love flowed like an eternal river. Where we could love.

Sometimes, I caught myself thinking about her in the midst of the daily routine, remembering her scent, her laugh, her way of walking. Every little detail became a treasure that I treasured deep in my heart. And in those moments of longing, I felt certain that she would be the same.

Although time passed and the seasons changed, our love remained unchanged, like a lighthouse in the midst of the storm. Together we face terrible challenges, we overcome obstacles and celebrate victories, we laugh and cry but we never allow ourselves to be intimidated. Because in her embrace I found the home I had always looked for, in her smile I found the happiness I thought was lost.

She, sometimes fire and sometimes ice, taught me that true love transcends words and is expressed in small everyday gestures. And so, between laughter and complicity, between shared dreams and promises whispered in the wind, we built our own love story, our own home.

I know, times have changed and relationships today do not usually last. But she taught me that the true path is when two opposites in every sense have the intention, the strength, the need, the hunger and the courage to want to persevere.

La Realidad Egoísta (6)

La Realidad Egoísta (6)
  • ¡Hasta cuándo vas a seguir con este sueño estúpido! ¡No ves, que los pesos no nos alcanzan! ¡Estoy cansada de esto! No voy a pasarme la vida lavando platos y vasos – gritaba la madre mientras el hijo mayor veía con temor la expresión en su rostro.
  • ¿¡Por qué hablas asi!? ¡Siempre me tratas igual! – responde el esposo.
  • Tenemos dos hijos, tenemos que pagar la luz, el agua y el teléfono. ¿No te das cuenta? – continuó enfurecida la esposa.
  • Estoy haciendo lo mejor que puedo, también me canso, pero sigo trabajando por ellos. – respondió.
  • ¡No es por ellos, idiota! Quieres algo grande para este café ¡Eso no va a suceder aquí! ¡Estoy cansada de verte siempre con la misma «candaleta»! Podríamos estar en un mejor lugar, teniendo mejores cosas para nosotros y para los niños.
  • Todo va a estar bien, yo te voy a proteger.
  • No quiero seguir asi. – indicó la esposa.
  • ¡Quiero otra vida! – prosiguió.
  • ¡¿Qué quieres hacer?! – preguntó el esposo.
  • Voy a volver, con más fuerza a trabajar, pero ahorraré una parte. En este país no pienso quedarme. Quiero vivir en una casa grande, hermosa, lujosa. Tener una habitación inmensa, jardín, un closet inmenso con mucha ropa, una cochera con uno o dos carros lujosos. Quiero la vida que merecemos. Ve tú, si decides acompañarme en esto o si te vas yendo a un departamento pequeño o a casa de tus padres. Yo me voy, y lo voy a lograr. – con gran determinación en sus ojos y apretando los dientes dijo estas últimas palabras a su esposo.
  • Llegó la hora en que sea un medio de sus deseos. Hoy dejé de tener opinión y voto en esta casa. Soy un objeto más. – pensó el esposo, pero no dijo lo que pensaba.
  •  Ok, vamos por ello. – Fueron las palabras que él soltó.

La Realidad Egoísta (5)

La Realidad Egoísta (5)

Años atrás.

  • ¡Que buen día hace, José! –le decía un padre expectante a su hijo.
  • José se quedaba callado ya que no sabía qué decir. Cómo determinar cuándo un día es bueno o malo si recién ha comenzado. -pensaba el niño.
  • ¡A trabajar! Vamos primero por la calle donde está la comisaría. –indicó el padre.
  • ¡Al fin! Falta poco para jubilarme. – hizo una pausa.
  • Oíste eso no, ¿Andrade? – Aumentando el volumen de la voz para que el sub comisario y el secretario Andrade, con quienes compartía oficina, escucharan.
  • ¡No señor!  Usted estará aquí siempre, ¡señor! –Exclamaba de pie y asustado, un inocente e ingenuo oficial Andrade.
  • ¡Acaso eres idiota! –mostrando un rostro serio y duro durante tres segundos mientras lentamente se esbozaba una sonrisa entre él y el sub comisario. Una sonrisa la cual se convertía en risas y pasado unos segundos más, en una estruendosa carcajada.
  • ¡Jajajajaja! – se reía mientras tosía el viejo comisario acompañado por las risas del segundo al mando.
  • ¡Me vas a matar de la risa, Andrade! ¿Para qué quiero quedarme en este mugrerío? Ya son demasiados años en este servicio. –replicó el viejo policía.
  • Escúchenme bien ustedes dos ¡Y esto es una orden! – exclamó el viejo guardián.
  • Tal vez de las últimas ordenes que no tengan que ver con casos policiales. – reflexionó Gonzales.
  • «No todo en la vida es trabajo. No quiero estar aquí para siempre. Quiero irme con mi señora a descansar. – dijo el comisario.
  • No se donde, todavía. Tal vez Miami, La Habana o Europa, no lo sé. Pero de que me voy, ¡me voy! – exclamó.
  • La agarraré de las manos, le besaré la frente, me sentaré a su lado a ver el paisaje, ya sean las olas en un balneario o el verde campo del pueblo pero me iré a vivir tranquilo y en paz con mi viejita. – dijo con voz calmada el cansado, viejo y sabio comandante Gonzáles, mientras veía en los dos hombres que compartían con él la oficina, a los hijos que nunca pudo tener.»
  • ¡Así que, se me dejan de estupideces! ¡Pónganse a trabajar! No voy a dejar esta oficina hasta que la ciudad esté en orden. – sonreía ligeramente.  
  • ¡Si señor!  – gritaron al unísono el sub comisario y el joven secretario Andrade en la oficina principal dentro de la comisaría, contemplando las palabras de un viejo león, un líder autentico, un orgullo para esa institución.
  • Oíste no, ¿Andrade? – Pero esta vez, con una voz suave y calmada.
  • Ya terminó tu turno y mañana estas de franco – le dijo el comisario.
  • Si señor. – contestó el secretario.
  • Entonces vete. De nada sirve que seas un buen policía sino eres un hombre feliz. Búscate una buena mujer, ten hijos. Y encuentra tu motivación para proteger esta ciudad. – añadió el comisario antes de sacar una cajetilla de cigarrillos de su bolsillo y ponerse a fumar un rato.
  • Lo intentaré señor. – Se levantó Ernesto, se puso su casaca policial, recogió su boina y salió de la comisaría.

La Realidad Egoísta (4)

  • Claro que sí amiga. Le dije que era su última oportunidad para llevarse la promoción exclusiva que sacamos este mes. -se escuchaba radiantemente la voz de una mujer hablando por teléfono a su máxima velocidad y con bastante efusión.
  • ¿Qué? Claro que sí, pero no importa. Todos los años hacemos lo mismo. Siempre lo comprarán. – continuó hablando dicha mujer, pero solo se oye su fuerte voz, más no lo que dice su interlocutor.
  • Este mes obtendré ciento sesenta por ciento sobre la meta que me pusieron en el segundo trimestre pero, estamos a un “pelín” de lograr el ochenta por ciento sobre los resultados del año pasado. – comentaba la señora.
  • Obvio que voy a pedir un aumento. ¡Estos resultados no te los consigue nadie!
  • Lo sé, soy lo máximo. «Alboroto el gallinero» en toda la ciudad. – pronunciaba soberbiamente.
  • Pero con calma mi preciosa. ¡Tú también lo eres! – se reía en tono un poco burlesco.
  • Lo vas a lograr, trata de imitarme. Tienes que hacer esto… – continuaba la conversación.
  • ¡Amor! ¡Mira cómo van creciendo mis hortalizas! – Habló el esposo.
  • ¡Corta por donde yo te he dicho animal! – Y a la par, tenía tiempo para llamarle la atención al jardinero.
  • ¡Qué bruta es esta mujer! Tengo que decirle todo lo que tiene que hacer. No creo que logre alcanzarme. – mientras daba un pequeño y satisfactorio suspiro al saber que nunca la alcanzarían.
  • ¡Qué lindas están quedando tus flores, amor! –exclamo la reina en ventas de todo Bogotá.
  • No olvides que tienes que ver mis muebles, llevar el Mercedes al taller, pagar la tarjeta de crédito, recoger mi abrigo, sacar a los cachorros, pagarle al jardinero, ver los muebles nuevos, etc. – daba una lista interminable de tareas que tenía que realizar el esposo en el día. Como si de un «Boy Scout» se tratara.