Mi niño escapó en este día, y no pude detenerlo, quiso soñar nuevamente, creer lo que años atrás, le prometí tantas veces.
Que tristeza debió sentir, al ver la clase de adulto, que soy, en estos momentos.
Mientras él lloraba y se encaprichaba, yo llenaba de rabia, la vasija del ahora.
¿Qué pasó? se preguntó por un instante. No hay justicia en el mundo, ¡Fuimos estafados! Nada es, como creímos antes.
La vida no fue amable, el mundo cambió muy rápido, me justificaba ante él, para no verlo decepcionado.
Pero él me miró, con los ojos sollozos, me preguntó, si yo era feliz, si nunca nadie, me había roto.
No supe que responderle, pues mi mente dice una cosa, pero mi corazón no lo siente.
La razón me dice que sí, los sentimientos gritan que no.
Aprendimos mucho, maduramos. Aprendimos a callar, para no pelear. A no soñar para no acabar, decepcionados.
Descubrimos en estos últimos tiempos, que nuestros sueños no eran sueños, y que los años, cada vez más rápidos, salieron huyendo.
Lo lamento, mi regordete pequeñín, hacemos lo que podemos, con lo poco que tenemos, pero esa palabra que mencionaste, se borro al instante en que te vi.
Mis prioridades son otras, y tú gastaste la poca alegría, que fuimos ahorrando, en nuestra juventud.
Ahora, solo queda abrazarnos, lanzar un suspiro hondo al aire, y seguir sobreviviendo hasta que Dios, se apiade de nosotros y decida llamarnos.
Adiós.
My child escaped on this day, and I couldn't stop him, he wanted to dream again, to believe what years ago, I promised him so many times.
How sad he must have felt, seeing the kind of adult, I am now. While he cried and became infatuated, I filled the vessel of now with rage.
What happened?, he asked himself for a moment. There is no justice in the world, we were scammed!
Nothing was, as we believed before.
Life was not kind, the world changed very quickly, I justified myself before him, so as not to see him disappointed.
But he looked at me, with sobbing eyes, he asked me, if I was happy.
I didn't know what to answer, because my mind says one thing, but my heart doesn't feel it.
Reason tells me yes, feelings scream at me no.
We learned a lot, we matured. We learned to keep quiet, so as not to fight. Not to dream, so as not to end up disappointed.
We discovered in recent times, that our dreams were not dreams, and that the years, increasingly faster, fled away.
I'm sorry, my chubby little one, we do what we can, with the little we have, but that word you mentioned, was erased instantly, when I saw you.
My priorities are other, and you spent the little joy we saved, in our youth.
Now, all that remains is to embrace each other, to release, a deep sigh, into the air, and continue surviving until God, takes pity on us, and decides to call us.
El amor y el resentimiento compartían habitación en la zona de reposo del área de cuidados intensivos de una clínica. Ambos estaban siguiendo un tratamiento de quimioterapia intensivo, con la finalidad de salvarles la vida. Al resentimiento le había tocado la cama cerca a la puerta mientras el amor reposaba en la cama cerca a la ventana.
Todos los días el resentimiento le preguntaba al amor:
¿Que ves por la ventana? Solo llego a sentir una pequeña brisa que llega hasta mí.
Veo un parque inmenso, lleno de hermosas flores y pequeños árboles. El arbusto decorado en forma de corazón y al centro una pequeña pileta donde algunas parejas se sientan conversar y darse uno que otro tierno beso.
¿Todo eso ves? «preguntó el resentimiento»
¡Sí! Y no me lo vas a creer, pero el parque es mas hermoso cuando le caen los rayos del sol, tanto asi que vienen cisnes a posarse en la pileta y llegan niños a jugar, corriendo y saltando por doquier con sus padres.
¿En serio ves eso? «volvió a cuestionarlo el resentimiento»
Asi es. Qué hermosa vista. Se puede ver a las personas felices y sonrientes, llenos de alegría y con muchas ganas de vivir.
No había día en el que esta conversación no se repitiera. Todos los días el resentimiento le preguntaba al amor sobre las cosas que él veía a través de esa ventana.
Hasta que un día el resentimiento empezó a llenarse de enojo. Él también quería ver esas maravillas que el amor le describía con tanta euforia. Y en ese momento se empezó a cuestionar:
¿Por qué estoy postrado aquí y no allá? ¿Por qué no me pudieron poner en esa cama? ¿Qué tiene el amor que no tenga yo?
Conforme pasaban los días, los celos y pensamientos negativos del resentimiento se hacían mas fuerte, su semblante se mostraba disconforme, ansioso y molesto. Ya no quería hablar con el amor ni preguntarle sobre lo que veía a través de esa ventana. Sus sentimientos de una sana curiosidad se habían convertido en una profunda amargura hacia lo que él creía era un beneficio para su compañero.
Días mas tarde, el ambiente en la habitación se mantenía tenso y el amor no dejaba de toser, de sentirse enfermo cada día más. La quimioterapia no hacia el mismo efecto en él. Sus análisis mostraban resultados negativos. A pesar de los esfuerzos de los médicos, el amor seguía empeorando y su vida iba decreciendo hasta que, en un fatídico día, muere. Algunos doctores pensaron que tal vez fue un virus intrahospitalario. ¿Qué se yo?
El resentimiento se encontraba solo en la habitación, ya no tenia nadie con quien conversar que no fuera del cuerpo médico. Y, en ese momento, se le ocurrió que era una buena idea solicitar su cambio de cama. Pasar a la zona cerca a la ventana. Los médicos no tuvieron problema, parecía una solicitud loable para alguien que está atravesando una quimio. Asi que aceptaron.
Cuando el resentimiento pudo echarse en la nueva cama cerca a la ventana y al fin ver las maravillas que tanto le había narrado el amor. Se topó con que frente a la ventana había una muralla de ladrillos. Ni parque, ni flores, ni cisnes en piletas, no había parejas besándose y sonriendo ni niños jugando con sus padres.
El amor había estado hablándole de imágenes bellas que salían de su mente. Probablemente con la intención de que el resentimiento se sintiera mejor, animarlo y darle fuerzas para vivir. De esa manera, podrían superar este tratamiento y salir juntos del hospital. El amor solo pensó en darle ánimos, pero el resentimiento se llenó de envidia, empezó a creer que el otro era más afortunado que él y lleno su corazón de celos e ira.
Moraleja de esta historia: No cargues con cosas que puedes habértelas creado en tu mente o que pueden ser simples sucesos del destino, incontrolables, si eso va matando lentamente tu ánimo, tu amor. Tal vez no sepas el tremendo trabajo que tu amor está haciendo en ti para sanarte.
Extracto parafraseada del mensaje: Acuérdate de Perdonar.
The prices of the basic basket rise more and more in Latin America. Lemon, sugar and rice have increased their prices by one hundred and fifteen percent. People who cook, whether to feed their family or for work, are running out of ideas for the daily menu.
We have a minister of economy who only talks nonsense through the media and an absent president, who only shows up when it comes to social works to boast of her image.
The morning news only shows the empty streets of the city, the hospitals with long lines of patients and/or the violent strikes of one or another union of workers fighting against the police force.
I get out of bed and leave my room to go to the kitchen to get a glass of water, hoping it’s drinkable, while I watch my father watch the news complaining about the government. – One knows that this is common in elderly people. -My mother, covered with a mask, washes the dishes that we left dirty the night before, while she listens to the bad moods of her old husband in front of the television.
The three of us have been marked with the vaccine against the plague that plagues the world. I have three stripes on my arm symbolizing the three doses that correspond to my age, while my father and mother have five and four respectively.
12:00
Today it’s time to go to the market to buy more supplies. My father can’t go because of his age, he could and he wouldn’t want to, but we don’t let him. We get tough on him when we make these decisions. – I know it would be ugly to die from asphyxiation, perhaps one of the worst deaths there could be. But, it doesn’t matter to me, it’s not that I have much desire to continue existing in a society as rotten as the virus that harasses us. –
Welcome to Latin America!
14:00
I arrive from the supermarket carrying around eight bags in my hands, bringing basic foods such as potatoes, onions, tomatoes, rice, sugar, among others. I only had to walk about three blocks from where I bought them, although it seemed longer because of the bright sun that kept making me sweat.
As soon as I arrive, my younger sister is waiting for me with a hose in hand to perform a very archaic disinfection process on me. – It’s like a double bathroom. -I leave the supplies in a tray so that they can be disinfected with alcohol by my mother, while my sister sprays me with pressurized cold water to get rid of any «polluting agent» that she may bring in from the street. – It is surprising that I have not caught a cold to date. –
We had lunch in silence in the kitchen, while we continued watching the news from our beloved tabloid press. It seems that these gentlemen were paid much more, for ruining the lunch of all the families in the country, putting depressing images on the television.
We only see robberies, assaults and scams. One or another politician blaming another political group; which, in turn, they define as «doing politics», blaming them for the current situation and vociferating that with them in power this situation will be different. Then to soothe the endless social depression they give us some sports for dessert, to stoke the little hope that is in our hearts. – As if goals healed people -.
A very famous doctor in the media, recommends not getting depressed and having a good mental system so as not to fall into this terrible disease while the other hours of the day fill our heads with anguish and make us crave for not knowing what will happen tomorrow .
16:00
Bored of being locked up in my room playing video games, I go out to the door of my house to get some air. I breathe while I see how the dust covers the electrical cables on the roofs of each homes.
I return to the kitchen, only to realize that my parents are resting in their room and they probably plan on not coming back downstairs until tomorrow. I drink a glass of water and return to my room to see if I can entertain myself with a serie on streaming.
20:00
A commotion is heard in the distance that grows as more neighbors join in on this bustle. Society decided to hit a pot with a ladle as a sign of solidarity towards the professionals who are on the front line of battle. Doctors, Nurses, Police and Firefighters who have to deal with the incidents of confinement. This collective hubbub lasts for about fifteen minutes and then everything falls silent again. -It seems that today will once again be a day to go to bed early, a day to forget. –
«Señor Carisma», como llamaban al padre de José y Esaú. Paseaba de cuadra en cuadra publicitando y dando muestras gratis de sus ricos tamales a toda la ciudad. Era un hombre que mostraba tener una fuerte vena emprendedora y aunque su postura frente al gobierno de Castro fuera neutra, él sentía dentro de su interior la efervescencia idealista de todo emprendedor. Esa motivación extraña que solo tienen algunos seres humanos en esta tierra. Creen, con gran ilusión, que con un peso cubano pueden crear un negocio de miles y miles de dólares en Matanzas y, por qué no, en toda Cuba.
Este señor había hecho, del primer piso del departamento donde vivía con su familia, una pequeña cafetería llamada «Mi Deliciosa Ambición». No obstante, cuando llegaba de promocionar sus productos por toda la ciudad o por lo menos, hasta donde llegaran sus piernas y su energía, siempre encontraba a su niño, el mayor de los dos, sentado en una mesa para clientes, estudiando o haciendo sus deberes pre escolares. José le comentaba cuanto le gustaba ese sitio por que, aunque era el sueño de papá, había varias horas en las que el lugar estaba vacío, y por eso era más tranquilo para estudiar. No soportaba el llanto de su hermanito en el piso de arriba, él solo podía leer en lugares tranquilos.
Este hombre se caracterizaba por ser muy habilidoso, desde mecánica eléctrica o automotriz hasta cocina pasando por jardinería y carpintería culminando con educación y contabilidad. No había nada que el progenitor no pudiera hacer. Esa podría ser la razón por la que siempre fue un perfecto complemento para su esposa.
Una mujer que le gustaba mandar, dar órdenes y dirigir. En esos momentos tenia un bebe en brazos y otro aprendiendo a leer pero ella sabia que su destino era ser capitana, por lo menos, esa era su ambición. ¿De quién creen que fue la idea de darle ese nombre a la cafetería? Solo se estaba tomando un descanso mientras Esaú dejaba el pecho, para luego seguir siendo el sustento económico de su casa con sus habilidades de mando y comerciales. ¿Quién lo diría? En una relación jugamos diferentes papeles en todo momento. A veces debes servir y en otras ocasiones, ser servido. Pero esta forma de pensar, ¿puede degradarse? ¿Existe un justo equilibrio entre ambos papeles?
¡Que buen día hace, José! –le decía un padre expectante a su hijo.
José se quedaba callado ya que no sabía qué decir. Cómo determinar cuándo un día es bueno o malo si recién ha comenzado. -pensaba el niño.
¡A trabajar! Vamos primero por la calle donde está la comisaría. –indicó el padre.
En la comisaría.
El regordete y viejo comisario Gonzales tosía en su oficina tapándose la boca con un pañuelo, para que nadie viera las pequeñas gotas de sangre que salían de su garganta, mientras realizaba una gran respiración y decía:
¡Al fin! Falta poco para jubilarme. – hizo una pausa.
Oíste eso no, ¿Andrade? – Aumentando el volumen de la voz para que el sub comisario y el secretario Andrade, con quienes compartía oficina, escucharan.
¡No señor! Usted estará aquí siempre, ¡señor! –Exclamaba de pie y asustado, un inocente e ingenuo oficial Andrade.
¡Acaso eres idiota! –mostrando un rostro serio y duro durante tres segundos mientras lentamente se esbozaba una sonrisa entre él y el sub comisario. Una sonrisa la cual se convertía en risas y pasado unos segundos más, en una estruendosa carcajada.
¡Jajajajaja! – se reía mientras tosía el viejo comisario acompañado por las risas del segundo al mando.
¡Me vas a matar de la risa, Andrade! ¿Para qué quiero quedarme en este mugrerío? Ya son demasiados años en este servicio. –replicó el viejo policía.
Escúchenme bien ustedes dos ¡Y esto es una orden! – exclamó el viejo guardián.
Tal vez de las últimas ordenes que no tengan que ver con casos policiales. – reflexionó Gonzales.
«No todo en la vida es trabajo. No quiero estar aquí para siempre. Quiero irme con mi señora a descansar. – dijo el comisario.
No se donde, todavía. Tal vez Miami, La Habana o Europa, no lo sé. Pero de que me voy, ¡me voy! – exclamó.
La agarraré de las manos, le besaré la frente, me sentaré a su lado a ver el paisaje, ya sean las olas en un balneario o el verde campo del pueblo pero me iré a vivir tranquilo y en paz con mi viejita. – dijo con voz calmada el cansado, viejo y sabio comandante Gonzáles, mientras veía en los dos hombres que compartían con él la oficina, a los hijos que nunca pudo tener.»
¡Así que, se me dejan de estupideces! ¡Pónganse a trabajar! No voy a dejar esta oficina hasta que la ciudad esté en orden. – sonreía ligeramente.
¡Si señor! – gritaron al unísono el sub comisario y el joven secretario Andrade en la oficina principal dentro de la comisaría, contemplando las palabras de un viejo león, un líder autentico, un orgullo para esa institución.
Pasadas las horas cuando estaban a punto de cambiar de guardia y solo se iban a quedar los que, por cronograma, les tocaba hacer el turno nocturno y el resto salía a hacer su patrullaje habitual antes de caer la noche en el sector. Gonzales, al ver a un joven Ernesto Andrade, quien no dejaba de trabajar ni siquiera para ir al baño, se acercó sutilmente a decirle:
Oíste no, ¿Andrade? – Pero esta vez, con una voz suave y calmada.
Ya terminó tu turno y mañana estas de franco – le dijo el comisario.
Si señor. – contestó el secretario.
Entonces vete. De nada sirve que seas un buen policía sino eres un hombre feliz. Búscate una buena mujer, ten hijos. Y encuentra tu motivación para proteger esta ciudad. – añadió el comisario antes de sacar una cajetilla de cigarrillos de su bolsillo y ponerse a fumar un rato.
Lo intentaré señor. – Se levantó Ernesto, se puso su casaca policial, recogió su boina y salió de la comisaría.
Al día siguiente, en su día de franco, el sub comisario llamó a Andrade para decirle que él ocuparía el cargo de comisario interino, hasta que se recuperara Gonzales. Al parecer lo habían internado en la noche, en el Hospital «El Bendito Socorro» debido a un problema respiratorio. Al parecer, tenia cáncer.
José estudiaba en su pequeña sala/comedor en tanto se escuchaban los ronquidos de Esaú desde su habitación. Hacía una pequeña pausa y, más calmado, pensaba -Sé que no es un mal chico, de hecho, es muy habilidoso para su edad. Él fue capaz de sacar la radio de ese auto sin hacer sonar la alarma. Cómo quisiera pasar más tiempo con él. –reflexionaba.
Bogotá
Claro que sí amiga. Le dije que era su última oportunidad para llevarse la promoción exclusiva que sacamos este mes. -se escuchaba radiantemente la voz de una mujer hablando por teléfono a su máxima velocidad y con bastante efusión.
¿Qué? Claro que sí, pero no importa. Todos los años hacemos lo mismo. Siempre lo comprarán. – continuó hablando dicha mujer, pero solo se oye su fuerte voz, más no lo que dice su interlocutor.
Este mes obtendré ciento sesenta por ciento sobre la meta que me pusieron en el segundo trimestre pero, estamos a un “pelín” de lograr el ochenta por ciento sobre los resultados del año pasado. – comentaba la señora.
Obvio que voy a pedir un aumento. ¡Estos resultados no te los consigue nadie!
Lo sé, soy lo máximo. «Alboroto el gallinero» en toda la ciudad. – pronunciaba soberbiamente.
Pero con calma mi preciosa. ¡Tú también lo eres! – se reía en tono un poco burlesco.
Lo vas a lograr, trata de imitarme. Tienes que hacer esto… – continuaba la conversación.
Desde el jardín se escuchan unos gritos:
¡Amor! ¡Mira cómo van creciendo mis hortalizas! – Habló el esposo.
¡Corta por donde yo te he dicho animal! – Y a la par, tenía tiempo para llamarle la atención al jardinero.
La extravagante mujer caminaba al jardín para ver a su esposo mientras requintaba:
¡Qué bruta es esta mujer! Tengo que decirle todo lo que tiene que hacer. No creo que logre alcanzarme. – mientras daba un pequeño y satisfactorio suspiro al saber que nunca la alcanzarían.
¡Qué lindas están quedando tus flores, amor! –exclamo la reina en ventas de todo Bogotá.
No olvides que tienes que ver mis muebles, llevar el Mercedes al taller, pagar la tarjeta de crédito, recoger mi abrigo, sacar a los cachorros, pagarle al jardinero, ver los muebles nuevos, etc. – daba una lista interminable de tareas que tenía que realizar el esposo en el día. Como si de un «Boy Scout» se tratara.
Aunque él hacía las tareas a regañadientes, sabía que tenía que mantener contenta a su fuente de dinero. Muy de vez en cuando se preguntaba si era esposo o mayordomo, quien se había casado con ella. Aunque ese pensamiento pasaba por su cabeza más rápido que la máxima velocidad que podría dar esa lujosa camioneta Mercedes del año, valorizada en más de doscientos cincuenta mil dólares.
Esta mujer se dirige a su habitación rápidamente con la intención de ponerse una bata para bañarse ya que consideraba que, debía darse un salto por las oficinas de su empresa, aunque sea para saludar a su jefe.
Abriendo la puerta y pasando a su habitación choca intempestivamente con la esquina de una mesa de noche pequeña con cajoneras. De repente, por el impacto del accidente, el primer cajón se ve forzado a abrirse y una pequeña y vieja imagen, más pequeña que una postal, se vislumbra por la abertura del cajón. Esta exitosa mujer de negocios logra comprimir sus pupilas para ver una pequeña parte de la imagen por lo que se olvida del dolor en la pierna.
Se sienta en el piso alfombrado, abre el cajón completamente y levanta la fotografía. En esa imagen solo se podía ver a una mujer joven y delgada, de aspecto humilde, vestida con un polo blanco grande y un jean, sentada en el piso con dos niños. Uno a cada lado, pero esbozando una sonrisa genuina y transparente.
Esa imagen transmitía una ternura que solo proviene de un amor puro y sincero, como cuando sabes que la felicidad es algo que nace de tu interior y lo transmites a dos pequeñas criaturas. Dos niños que compartieron contigo años de plena dependencia y devoción hacia su heroína. Una imagen que estuvo escondida tras varios años en ese cajón, tal vez incómoda para una pareja solitaria, llena de lujos y caprichos. Sin embargo, esta mujer no sintió que las lágrimas corrían por sus mejillas hasta que las vio caer en la alfombra, mojando su hermoso piso, arruinando el decorado del suelo.