La Realidad Egoísta (3)

Manuel

  • Y pensar que una vez todo fue «normal». – pensaba Manuel.
  • Pero te tuviste que meter con él, mamá. – decía mirando al cielo.
  • ¿Tal era tu angustia por no poder vivir sola? ¡Los dos juntos pudimos haber salido adelante! ¡¿Por qué lo hiciste?! ¿Por qué? – se preguntaba amargamente el pequeño hombrecito mientras sus primeras lágrimas recorrían su delgado rostro.
  • ¿Qué haces acá? ¡Idiota! – exclamó José enfurecido. Pensé que estabas en casa, faltaba poco para acabar la clase e iba para allá. ¿Tienes idea de la vergüenza que me has hecho pasar? -golpeando la mesa.
  • Se nota que se preocupa por su hermano -pensó el comisario.
  • No viendo a los ojos y con un poco de desdén, Esaú respondía: Perdí pues. El gordo me atrapó -dijo suspirando.
  • ¡Caracho! con los buenos pesos que me hubieran dado por ese estéreo. -suspiró nuevamente.
  • Bueno, -levantándose de la silla.
  • Ahora que ya viniste a recogerme, vámonos. Soy menor de edad así que la policía no me puede encerrar en el calabozo, solo estamos aquí para que nos amedrente. -dedujo Esaú de manera insolente y retadora.
  • ¡¿Acaso te golpeaste la cabeza?! -exclamó José.
  • No puedes robar nada, de ningún auto ni de ningún lugar. ¡No voy a estar trabajando y estudiando para mantener a un delincuente!
  • Ellos no hubieran querido esto. -tras una triste y calmada pausa dijo.
  • Mamá, Papá – se lamentó en voz alta José.
  • ¡¡Cállate!! – elevando la voz y con una expresión amarga en el rostro -habló Esaú.
  • ¡No sabes lo que ellos querían, yo no lo sé, nadie lo sabe! ¡Nos abandonaron porque nosotros nunca estuvimos dentro de lo que ellos querían! Si nos quisieran en sus vidas no estaríamos viviendo en este barrio de mierda. ¡Idiota! -se exasperó amarga y tristemente Esaú.
  • ¡Se me calman los dos! ¡¿Dónde carajos creen que están?! -gritó resonando en toda la comisaría.
  • No me importa de quién ¡coño! están hablando, ni entiendo como una persona que parecía tan calmada como tú, José, se ha puesto tan revoltoso. – mirando a José.
  • Y tú, Esaú, te he visto jugar en las calles echando agua a los vecinos con una manguera cuando eras un chamaquito. Y nunca me molestó, pero ahora -calmando la voz y atenuándola con un poco de pena.
  • «¿Quién eres?» No necesitas robar si necesitas dinero. No eres un ladrón. ¡No te quiero volver a ver por acá! Termina el colegio y luego busca que hacer, incluso aquí nos falta alguien que nos saque las fotocopias o nos apoye en otros mandados. – esbozando una muy ligera sonrisa tratando de calmar el ambiente.
  • ¡Váyanse! -exclamó el comisario.
  • Devolveremos la radio a su dueño y, por esta vez le diré que no encontramos al ladrón. Puedes irle diciendo al flacucho ese de tu amigo que, si lo veo. – frunciendo el ceño fuertemente y con voz amargada.
  • No respondo – concluyó Andrade.
  • Perdón señor – dijo José. Esaú solo lo miró amargamente, giró su cabeza hacia la izquierda y optó por callar, mostrando desinterés por sus palabras.
  • ¿Qué tanto harán en Bogotá? ¿Por qué no vienen por ellos? – se preguntó.

La Realidad Egoísta (2)

  • ¡Ves! Te dije que era fácil —se pronunció Manuel, susurrando.
  • ¡Cállate, idiota! Yo soy el que está intentando hacerlo sin que este carro grite —le respondió Esaú.
  • Uuuuuuuuuu –se mofaban los alumnos.
  • ¿Que paso? ¿Que hizo? jajaja ¿Lo van a votar por pobre? -murmuraban los crueles alumnos.
  • ¿Es usted el Sr. García? –preguntó el comandante.  
  • Si –respondió suave y nerviosamente José mientras permanecía incrédulo ante la situación.
  • ¡Acompáñeme de inmediato a la comisaría! Tenemos a su hermano y quisiera decirles un par de cosas a los dos. Miró suspicazmente a la joven y agraciada secretaría académica y dijo: Con el permiso de la señorita, pasando saliva, no me atrevo a decir esto delante de una dama.
  • ¡Andando! – exclamó el comandante de la comisaría número diecisiete de la región sur de Matanzas.   
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La Realidad Egoísta (1)

La Realidad Egoísta (1)

La habitación opaca de una sala de emergencias en un hospital. El silencio reinando por los pasillos y las palabras de un llanto amargo e impotente de una primogenitora se escuchan a través de la puerta, donde a su vez ella le dice a su hijo de manera susurrante «perdóname», «lo siento», «pude hacerlo mejor». Palabras de un iracundo arrepentimiento atormentan la mente de esta señora mientras ve a su hijo postrado en esta cama dentro de la opaca habitación de la zona de emergencia del hospital «El Bendito Socorro». El esposo solo emite lágrimas insonoras en la esquina de este cuarto mientras ve a su cónyuge de rodillas, a los pies de la cama, lamentando la muerte de su primogénito.

Esta empoderada mujer de negocios, «exitosa». Marcaba, contestaba y colgaba llamadas telefónicas de par en par con su moderno celular de gama alta. Hablaba con las personas mas extrañas, incógnitas, ocultas, imperecederas y efímeras de la empresa como si fueran sus mejores amigos/as. Como si se conocieran años de años y hubieran estrechado relaciones tan sólidas que la vida les dio el privilegio de conocerse y trabajar juntas. Cerraba ventas por aquí y hacía negocios por allá. ¡No había quien la detuviera! Apasionada por su trabajo, adicta como solo ella sabía ser.

Mientras tanto, el esposo feliz en casa viendo como las arcas se iban llenando cada vez más en vuestro hogar, sin problema alguno, tomando una copa de vino, vislumbrando el verde paisaje que revelaba el hermoso atardecer de la zona más exclusiva de Bogotá.

Ambos estaban viviendo el «Sueño Americano» en su pequeño palacio. En una jaula de oro con la cual habían soñado desde que se conocieron.

Pistas rotas llenas de hoyos creados por los ladrones de autos. Aceras sucias donde el orín emanaba un fuerte y ácido olor y un burdel clandestino en la esquina colindante a la avenida principal, activo a partir de las ocho de la noche. Paredes llenas de grafitis y una que otra descascarada por la antigüedad. Irónicamente un letrero colocado por los vecinos de antaño se había erguido a la entrada de aquella calle diciendo: «La ciudad más alegre de Cuba».

José era un muchacho inocente, de perfil sumiso y semblante caído. Miraba de reojo cuando algo le parecía interesante pero era de buen corazón. Estudiaba en las noches economía en la Real Universidad Católica de Cuba, ya que él creía que la pobreza se debía atacar de frente y con la armadura bien puesta, y trabajaba en las mañanas siendo mesero en el “Rincón de Célia”, un acogedor y pequeño restaurante de menús, comida casera, rápida y económica para los obreros que vivían o iban a saciar el hambre cerca a su barrio, antes de ver si podían saciar la carne en el burdel. Siempre veía la manera de cargar con la responsabilidad que le fue impuesta ¿Por el destino? ¿Los dioses? ¿El azar?. No, impuesta por sus padres. Algo que claramente él no podía controlar a esa edad.

Esaú, aunque más joven, era más activo, orgulloso, de carácter tozudo y sin pelos en la lengua. Él solo miraba cuando veía que podía sacar provecho de alguna situación, sabía hasta qué punto podía convencer y en otros casos manipular a las personas. No tenía temor de nada y vivía con la ilusión de que su suerte algún día cambiaría – similar a la canción de Héctor Lavoe.

José sabía que, en el fondo de su corazón, Esaú, esperaba ansiosamente que sus padres llegaran y les dieran una vida de lujos y placeres. Una vida elegante. O, por lo menos, una vida con amor.

Preguntas sin respuesta. (Parte II)

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Lima, 15 de noviembre de 1987

¿Como entretienes a un hombre que está aburrido?

Como todos los días manejo en mi Ford Escape hacia mi trabajo. Soy como el preso que sale de su celda para ir a una mas grande para almorzar, luego regresa a su celda más pequeña, por cierto, y a dormir para repetir, las mismas acciones del día anterior.

Soy un proveedor de servicios y atiendo desde un teléfono las diez horas al día, sino son doce, que me corresponden, las llamadas de los miles de clientes que: se quejan, no aprendieron u odian mis servicios, pero no se atreven a irse por que no hay otro mejor en el mercado. «Que soberbia de mi parte».

¡Madre mía! y es que este ciudadano siempre quiere más de lo que podemos darle y no es que no podamos mejorar, el problema es que no mejoramos a la velocidad que ellos quieren.

Que repetitivo y aburrido es este trabajo. Oír y hablar, hablar y escuchar, escuchar y comentar. Sonreír; pero por dentro morir.

¿Como cambias de un cliente su toxicidad?

Llego en la noche cansado a cenar a mi hogar, pero me olvido que mi esposa no suele cocinar. Mi hijo subiendo y bajando, saltando y queriendo volar. Para él la casa es un gran parque de diversiones, lleno de: camas elásticas, piscinas de pelotas, muros para escalar y juegos mecánicos. ¡Que envidia!, no poder ver el mundo como él lo ve. Aunque su madre me pida que lo controle, esto es algo que no se puede controlar. Si tuviera la energía suficiente me quitaría los zapatos, mandaría a todos a la mierda y saltaría junto a él en ese mueble verde y desteñido en casa de mis suegros. Trataría de no pensar, solo actuar, solo jugar. Creer en ese mundo de fantasía que solo en el cerebro de mi hijo habita, pero la ansiedad en mi puede más.

Aunque a veces deba renegar, él me muestra esa sonrisa que me ata de manos y pienso «por lo menos, en esta casa, hay alguien feliz»

¿Como disciplinas a alguien con habilidades especiales?

Donde quedaron esos años en los que éramos ella y yo. Salíamos a comer, a bailar, a comer otra vez y a comernos sin pensar. Donde quedaron los valores que nos hicieron darnos el sí, frente a ese cura mojigato, pervertido, chismoso y metiche. En esa iglesia hermosa, donde recordaba, cuando entraba, que la esperanza es lo último que se pierde y que hubo alguien que dio su vida para que estos cinco billones de habitantes en el mundo, sino es en el universo, fueran felices.

Pero la vida, es mas que confiar sin actuar objetivamente. La vida, al final de todo, matemática es. Y en base a ella es que las decisiones se deben tomar. No podría sobrevivir sin saber sumar, restar, multiplicar y dividir.

¿Como recuperar tus sueños?

Leo el periódico cada mañana y veo como las empresas de capital extranjero se van del país, las reemplazamos por empresas nacionales. Sino eres alguien con estudios en el extranjero, no tendrás ni la menor idea de como hacer empresa en este país. «Muchas gracias presidente». A tiempo saqué mi carnet de la estrella, su partido político, para tener preferencia en los mercados y las tiendas y poder llevar comida a mi hijo y mi esposa antes de que se agote. Aunque siempre me pregunto:

¿Cómo estarán mis papás?

¿Dónde estará mi verdadero papá?

Preguntas sin respuesta. (Parte I)

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Lima, 14 de noviembre de 1987.

¿Cómo motivas a un hombre que siente que lo ha perdido todo?

Encerrado en el sótano de esta jaula de oro contemplando mi máquina de escribir, trazo estas líneas haciéndome preguntas que muy bien se, que no tienen respuesta. En esta noche a la luz de una vela vislumbro las paredes oscuras de mi habitación, mientras la pena le hace compañía a este frío corazón.

Soy el hijo bastardo de una familia adinerada. Tengo una madre viuda y separada pero con una gran cantidad de dinero. Al no soportar la estupidez de mi padrastro, huyó despavorida de sus malas decisiones hacia el extranjero. Ecuador, un país donde no se si el remordimiento la atormente. Típica persona que vive para trabajar por que nunca aprendió a trabajar para vivir.

Mi padrastro, viejo, amargado y desatinado. Aprovecha la situación para sentirse el rey de este espacio. Se cree importante en este ajedrez, pero solo es mayordomo de mi madre, más que un esposo es un peón.

Por último; estoy yo, treinta y tres años de agobio y martirio, cometiendo los mismos errores que mi, en ese momento, madre soltera. Pero nunca aprendiendo la maldad y vileza de mis antepasados, mi padre y mi abuelo, en este mundo cruel.

Yo, lo perdí todo. La felicidad que irradiaba mi nuevo empleo se opacó por la cultura abusiva y retrograda de este país. La esposa de mis sueños fue opacada por una mujer infantil e inmadura, quien se niega a crecer en la vida y solo vive para ser sanguijuela de los demás. Finalmente, mi hijo, lo único bello en esta vida. Un inocente, un pequeño niño con habilidades diferentes. Mi única razón de que no perezca. Lamentablemente, imposibilitado de verlo seguidamente.

Atrapado en esta cárcel, viviendo en este círculo del infierno. Abrumado por mi tristeza y condenado a la soledad.

¿Cómo puedes motivar a un hombre que carga con todo este pesar?

Quiero salir de este lugar. Alejarme de esta gente dañina. Lo único que siempre quise fue ser feliz. Pero nunca fui capaz de trazar el plan perfecto para llegar a esa meta. Fuerza tengo, pero carezco de inteligencia. ¿Cómo escapar? Algo se me ocurrirá.

Diciembre es mi maldición. Este mes solo trae tristezas a mi vida. Un 13 de diciembre este mundo me vio nacer y probablemente diciembre sea el mes que me vea morir. Todos quieren celebrar para terminar el año viejo, quemarlo y dar inicio al nuevo. Pues yo soy el año viejo que todos los años es quemado, muerto y enterrado para idealistas con metas nuevas y para expectantes con proyectos y promesas.

¿Cómo ayudas a un hombre que no sabe cómo escapar?

Desearía volver a esos dichosos veinticinco años y cambiar mi historia. Haberle dicho «¡No!» a esa chica alta, color miel, de ojos pardos y muy astuta que parecía tan buena y tan ingenua. Haberle aceptado el anillo cuando me lo devolvió. Haber ahorrado más y gastado menos, haber estudiado más idiomas y haber salido de este país condenado por su cultura. De esta Latinoamérica condenada. Y nunca regresar la mirada hacia atrás.

Mi abuelo fue un egoísta, mi padre también lo fue, por querer romper el molde, heme aquí. Sufriendo lo que ellos no sufrieron. Padeciendo la maldad de las personas que abusan de los que queremos tener una vida constructiva en valores.

Durante un periodo de mi juventud pensé que la religión me ayudaría, pero solo me permitió observar la maldad omnipresente de los manipuladores y es que, es como dice Karl Marx; la religión es el opio del pueblo. Con ella se sigue abusando de los jóvenes inexpertos.

¿Cómo motivas a un hombre que ya no cree en las personas?