La Realidad Egoísta (4)

  • Claro que sí amiga. Le dije que era su última oportunidad para llevarse la promoción exclusiva que sacamos este mes. -se escuchaba radiantemente la voz de una mujer hablando por teléfono a su máxima velocidad y con bastante efusión.
  • ¿Qué? Claro que sí, pero no importa. Todos los años hacemos lo mismo. Siempre lo comprarán. – continuó hablando dicha mujer, pero solo se oye su fuerte voz, más no lo que dice su interlocutor.
  • Este mes obtendré ciento sesenta por ciento sobre la meta que me pusieron en el segundo trimestre pero, estamos a un “pelín” de lograr el ochenta por ciento sobre los resultados del año pasado. – comentaba la señora.
  • Obvio que voy a pedir un aumento. ¡Estos resultados no te los consigue nadie!
  • Lo sé, soy lo máximo. «Alboroto el gallinero» en toda la ciudad. – pronunciaba soberbiamente.
  • Pero con calma mi preciosa. ¡Tú también lo eres! – se reía en tono un poco burlesco.
  • Lo vas a lograr, trata de imitarme. Tienes que hacer esto… – continuaba la conversación.
  • ¡Amor! ¡Mira cómo van creciendo mis hortalizas! – Habló el esposo.
  • ¡Corta por donde yo te he dicho animal! – Y a la par, tenía tiempo para llamarle la atención al jardinero.
  • ¡Qué bruta es esta mujer! Tengo que decirle todo lo que tiene que hacer. No creo que logre alcanzarme. – mientras daba un pequeño y satisfactorio suspiro al saber que nunca la alcanzarían.
  • ¡Qué lindas están quedando tus flores, amor! –exclamo la reina en ventas de todo Bogotá.
  • No olvides que tienes que ver mis muebles, llevar el Mercedes al taller, pagar la tarjeta de crédito, recoger mi abrigo, sacar a los cachorros, pagarle al jardinero, ver los muebles nuevos, etc. – daba una lista interminable de tareas que tenía que realizar el esposo en el día. Como si de un «Boy Scout» se tratara.  

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