• ¡Hasta cuándo vas a seguir con este sueño estúpido! ¡No ves, que los pesos no nos alcanzan! ¡Estoy cansada de esto! No voy a pasarme la vida lavando platos y vasos – gritaba la madre mientras el hijo mayor veía con temor la expresión en su rostro.
  • ¿¡Por qué hablas asi!? ¡Siempre me tratas igual! – responde el esposo.
  • Tenemos dos hijos, tenemos que pagar la luz, el agua y el teléfono. ¿No te das cuenta? – continuó enfurecida la esposa.
  • Estoy haciendo lo mejor que puedo, también me canso, pero sigo trabajando por ellos. – respondió.
  • ¡No es por ellos, idiota! Quieres algo grande para este café ¡Eso no va a suceder aquí! ¡Estoy cansada de verte siempre con la misma «candaleta»! Podríamos estar en un mejor lugar, teniendo mejores cosas para nosotros y para los niños.
  • Todo va a estar bien, yo te voy a proteger.
  • No quiero seguir asi. – indicó la esposa.
  • ¡Quiero otra vida! – prosiguió.
  • ¡¿Qué quieres hacer?! – preguntó el esposo.
  • Voy a volver, con más fuerza a trabajar, pero ahorraré una parte. En este país no pienso quedarme. Quiero vivir en una casa grande, hermosa, lujosa. Tener una habitación inmensa, jardín, un closet inmenso con mucha ropa, una cochera con uno o dos carros lujosos. Quiero la vida que merecemos. Ve tú, si decides acompañarme en esto o si te vas yendo a un departamento pequeño o a casa de tus padres. Yo me voy, y lo voy a lograr. – con gran determinación en sus ojos y apretando los dientes dijo estas últimas palabras a su esposo.
  • Llegó la hora en que sea un medio de sus deseos. Hoy dejé de tener opinión y voto en esta casa. Soy un objeto más. – pensó el esposo, pero no dijo lo que pensaba.
  •  Ok, vamos por ello. – Fueron las palabras que él soltó.

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