En ese campo de Margaritas. / In that field of Daisies.

En ese campo de Margaritas. / In that field of Daisies.

¿Qué es esto que estoy observando?, me encuentro divisando con dificultad un sol brillante y cálido sobre este páramo verde, rodeado de colinas y un cielo infinito, sin saber que es realidad y que es ficción. La sensibilidad de mis manos puede sentir el pasto y mi amor por la naturaleza, me permite apreciar cada detalle de este nuevo mundo que me rodea.

Solo recuerdo que una noche de verano cualquiera, me fui a dormir con el corazón lleno de deseo y nostalgia. Cerrando los ojos, mi mente comenzó a sentir que me estaba adentrando en un sueño profundo. En ese instante, aparecí en este campo, donde la luz del sol parece bañar cada flor con un resplandor dorado, el viento acaricia las flores y se crea una melodiosa y suave armonía.

En medio de aquel verde mar, vi a mi amada. Ella, caminaba lentamente, dejando que sus dedos rozaran las delicadas flores mientras avanzaba. Llevaba un vestido blanco que ondeaba con el viento, y su cabello caía en cascada por sus hombros, reflejando los destellos del sol.

Con el corazón acelerado, comencé a correr hacia ella. A medida que me acercaba, pude ver la sonrisa en su hermoso rostro y la alegría en sus bellos ojos. El amor que sentía por ella iluminaba cada rincón de su ser, haciéndome sentir como si estuviera flotando en una nube de felicidad.

Cuando finalmente estuvimos frente a frente, la tome de sus manos y, juntos, caminamos por este campo lleno de flores. El tiempo parecía haberse detenido, y todo lo que importaba en ese momento éramos nosotros y el amor que compartíamos.

Con cada paso que daba, las margaritas se inclinaban para rendirle homenaje a su belleza. El campo reflejaba la pureza de sus sentimientos, y cada flor parecía susurrar palabras de esperanza y promesas de amor a un futuro incierto.

Desafortunadamente, el camino llegó a su fin y desperté en mi cama fría, llorando nostálgico, con el recuerdo de aquel campo de margaritas, aún fresco en mi mente. Sólo había sido un sueño tortuoso, el cual no pude evitar. Cómo desearía volver a experimentar ese momento mágico, aunque fuera en otro plano, el plano de los sueños. Y así, besar tus labios y un llenar mi sentido de esperanza en el corazón.

Me levanté de la cama y comencé un nuevo día de trabajo, llevando conmigo el recuerdo de haberte visto en mi sueño y la promesa de buscarte y volverte a amar.


What is this that I am observing? I find myself seeing with difficulty a bright and warm sun over this green wasteland, surrounded by hills and an infinite sky, without knowing what is reality and what is fiction. The sensitivity of my hands can feel the grass and my love for nature allows me to appreciate every detail of this new world that surrounds me.

I only remember that one summer night, I went to sleep with my heart full of desire and nostalgia. Closing my eyes, my mind began to feel like I was drifting into a deep sleep. In that moment, I appeared in this field, where the sunlight seems to bathe each flower with a golden glow, the wind caresses the flowers and a melodious and soft harmony is created.

In the middle of that green sea, I saw my beloved. She walked slowly, letting her fingers brush the delicate flowers as she moved forward. She was wearing a white dress that fluttered in the wind, and her hair cascaded down her shoulders, reflecting the sun’s sparkles.

With my heart racing, I started running towards her. As she approached me, I could see the smile on her beautiful face and the joy in her beautiful eyes. The love I felt for her illuminated every corner of her being, making me feel like I was floating on a cloud of happiness.

When we were finally face to face, I took her hands and, together, we walked through this field full of flowers. Time seemed to have stopped, and all that mattered in that moment was us and the love we shared.

With every step she took, the daisies bowed to pay tribute to her beauty. The field reflected the purity of her feelings, and each flower seemed to whisper words of hope and promises of love to an uncertain future.

Unfortunately, the road came to an end and I woke up in my cold bed, crying nostalgically, with the memory of that daisy field still fresh in my mind. It had just been a torturous dream, which I couldn’t help. How I wish I could experience that magical moment again, even if it were on another plane, the plane of dreams. And so, kiss your lips and fill my sense of hope in my heart.

I got out of bed and started a new day of hard work, carrying with me the memory of having seen you in my dream and the promise of looking for you and loving you again.

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Ella / Her

Ella / Her

Ella era como una suave brisa en medio del caos universitario, una presencia cálida y sutil que hacia gala de su pasión por el conocimiento. Ella observaba sus libros con esos hermoso ojos color caramelo, irradiando una paz única, capaz de calmar mis torpezas al tratar de entender la lección. Cada vez que sonreía, el mundo parecía detenerse por un instante, aunque sólo pudiera escuchar su bella voz.

Nuestro encuentro fue por azares del destino. En un punto cualquiera del campus, en medio de aquel jardín. Desde el primer momento, vi lo pura de su alma, la vi caminando despertando una serie de sentimientos que nunca antes pensé sentir. Ella de piel canela, cabello negro, ojos almendrados, nariz cóncava y labios delgados. Ella hermosa en su simpleza, dejándome absorto en su mundo lleno de matices en su vasto intelecto propio de un genio que no sabe nada del amor.

Caminamos juntos por pasillo iluminados, calles oscuras, parques adornados por la luna y playas intensas por el sol, compartiendo sueños y secretos, ilusiones y fracasos, discrepancias y concordancias, besos y abrazos. En cada mirada, encontraba un refugio donde perderme, un lugar donde hallar la paz en medio del frenesí de la sociedad. Juntos, creamos un hábitat paralelo donde el tiempo se detenía, donde el amor fluía como un río eterno. Donde podíamos amar.

A veces, me sorprendía pensando en ella en medio de la rutina diaria, recordando su aroma, su risa, su forma de andar. Cada pequeño detalle se convertía en un tesoro que atesoraba en lo más profundo de mi corazón. Y en esos momentos de añoranza, sentía la certeza de que ella estaría igual.

Aunque el tiempo pasara y las estaciones cambiaban, nuestro amor permanecía inmutable, como un faro en medio de la tempestad. Juntos enfrentamos desafíos terribles, superamos obstáculos y celebramos victorias, reímos y lloramos pero nunca nos dejamos amedrentar. Porque en su abrazo encontré el hogar que siempre había buscado, en su sonrisa encontré la felicidad que creía perdida.

Ella, a veces fuego y a veces hielo, me enseñó que el verdadero amor trasciende las palabras y se expresa en los pequeños gestos cotidianos. Y así, entre risas y complicidades, entre sueños compartidos y promesas susurradas al viento, construimos nuestra propia historia de amor, nuestro propio hogar.

Lo sé, los tiempos han cambiado y las relaciones hoy, no suelen perdurar. Pero ella me enseño que el verdadero camino es cuando dos opuestos en todo sentido tienen la intensión, la fuerza, la necesidad, el hambre y la valentía de querer perseverar.


She was like a soft breeze in the middle of the university chaos, a warm and subtle presence that showed off her passion for knowledge. She looked at her books with those beautiful caramel-colored eyes, radiating a unique peace, capable of calming my clumsiness when trying to understand the lesson. Every time she smiled, the world seemed to stop for an instant, even though all she could hear was her beautiful voice.

Our meeting was by chance of fate. At any point on the campus, in the middle of that garden. From the first moment, I saw how pure her soul was, I saw her walking awakening a series of feelings that I never thought I would feel before. She has tan skin, black hair, almond-shaped eyes, a concave nose and thin lips. She beautiful in her simplicity, leaving me absorbed in her world full of nuances in her vast intellect typical of a genius who knows nothing about love.

We walk together through illuminated hallways, dark streets, parks adorned by the moon and beaches intense by the sun, sharing dreams and secrets, illusions and failures, discrepancies and agreements, kisses and hugs. In every look, I found a refuge to lose myself, a place to find peace in the midst of the frenzy of society. Together, we created a parallel habitat where time stood still, where love flowed like an eternal river. Where we could love.

Sometimes, I caught myself thinking about her in the midst of the daily routine, remembering her scent, her laugh, her way of walking. Every little detail became a treasure that I treasured deep in my heart. And in those moments of longing, I felt certain that she would be the same.

Although time passed and the seasons changed, our love remained unchanged, like a lighthouse in the midst of the storm. Together we face terrible challenges, we overcome obstacles and celebrate victories, we laugh and cry but we never allow ourselves to be intimidated. Because in her embrace I found the home I had always looked for, in her smile I found the happiness I thought was lost.

She, sometimes fire and sometimes ice, taught me that true love transcends words and is expressed in small everyday gestures. And so, between laughter and complicity, between shared dreams and promises whispered in the wind, we built our own love story, our own home.

I know, times have changed and relationships today do not usually last. But she taught me that the true path is when two opposites in every sense have the intention, the strength, the need, the hunger and the courage to want to persevere.

Un cuento de sentimientos.

Un cuento de sentimientos.

El amor y el resentimiento compartían habitación en la zona de reposo del área de cuidados intensivos de una clínica. Ambos estaban siguiendo un tratamiento de quimioterapia intensivo, con la finalidad de salvarles la vida. Al resentimiento le había tocado la cama cerca a la puerta mientras el amor reposaba en la cama cerca a la ventana.

Todos los días el resentimiento le preguntaba al amor:

  • ¿Que ves por la ventana? Solo llego a sentir una pequeña brisa que llega hasta mí.
  • Veo un parque inmenso, lleno de hermosas flores y pequeños árboles. El arbusto decorado en forma de corazón y al centro una pequeña pileta donde algunas parejas se sientan conversar y darse uno que otro tierno beso.
  • ¿Todo eso ves? «preguntó el resentimiento»
  • ¡Sí! Y no me lo vas a creer, pero el parque es mas hermoso cuando le caen los rayos del sol, tanto asi que vienen cisnes a posarse en la pileta y llegan niños a jugar, corriendo y saltando por doquier con sus padres.
  • ¿En serio ves eso? «volvió a cuestionarlo el resentimiento»
  • Asi es. Qué hermosa vista. Se puede ver a las personas felices y sonrientes, llenos de alegría y con muchas ganas de vivir.

No había día en el que esta conversación no se repitiera. Todos los días el resentimiento le preguntaba al amor sobre las cosas que él veía a través de esa ventana.

Hasta que un día el resentimiento empezó a llenarse de enojo. Él también quería ver esas maravillas que el amor le describía con tanta euforia. Y en ese momento se empezó a cuestionar:

¿Por qué estoy postrado aquí y no allá? ¿Por qué no me pudieron poner en esa cama? ¿Qué tiene el amor que no tenga yo?

Conforme pasaban los días, los celos y pensamientos negativos del resentimiento se hacían mas fuerte, su semblante se mostraba disconforme, ansioso y molesto. Ya no quería hablar con el amor ni preguntarle sobre lo que veía a través de esa ventana. Sus sentimientos de una sana curiosidad se habían convertido en una profunda amargura hacia lo que él creía era un beneficio para su compañero.

Días mas tarde, el ambiente en la habitación se mantenía tenso y el amor no dejaba de toser, de sentirse enfermo cada día más. La quimioterapia no hacia el mismo efecto en él. Sus análisis mostraban resultados negativos. A pesar de los esfuerzos de los médicos, el amor seguía empeorando y su vida iba decreciendo hasta que, en un fatídico día, muere. Algunos doctores pensaron que tal vez fue un virus intrahospitalario. ¿Qué se yo?

El resentimiento se encontraba solo en la habitación, ya no tenia nadie con quien conversar que no fuera del cuerpo médico. Y, en ese momento, se le ocurrió que era una buena idea solicitar su cambio de cama. Pasar a la zona cerca a la ventana. Los médicos no tuvieron problema, parecía una solicitud loable para alguien que está atravesando una quimio. Asi que aceptaron.

Cuando el resentimiento pudo echarse en la nueva cama cerca a la ventana y al fin ver las maravillas que tanto le había narrado el amor. Se topó con que frente a la ventana había una muralla de ladrillos. Ni parque, ni flores, ni cisnes en piletas, no había parejas besándose y sonriendo ni niños jugando con sus padres.

El amor había estado hablándole de imágenes bellas que salían de su mente. Probablemente con la intención de que el resentimiento se sintiera mejor, animarlo y darle fuerzas para vivir. De esa manera, podrían superar este tratamiento y salir juntos del hospital. El amor solo pensó en darle ánimos, pero el resentimiento se llenó de envidia, empezó a creer que el otro era más afortunado que él y lleno su corazón de celos e ira.

Moraleja de esta historia: No cargues con cosas que puedes habértelas creado en tu mente o que pueden ser simples sucesos del destino, incontrolables, si eso va matando lentamente tu ánimo, tu amor. Tal vez no sepas el tremendo trabajo que tu amor está haciendo en ti para sanarte.

Extracto parafraseada del mensaje: Acuérdate de Perdonar.

Dante Gebel
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La Realidad Egoísta (6)

La Realidad Egoísta (6)
  • ¡Hasta cuándo vas a seguir con este sueño estúpido! ¡No ves, que los pesos no nos alcanzan! ¡Estoy cansada de esto! No voy a pasarme la vida lavando platos y vasos – gritaba la madre mientras el hijo mayor veía con temor la expresión en su rostro.
  • ¿¡Por qué hablas asi!? ¡Siempre me tratas igual! – responde el esposo.
  • Tenemos dos hijos, tenemos que pagar la luz, el agua y el teléfono. ¿No te das cuenta? – continuó enfurecida la esposa.
  • Estoy haciendo lo mejor que puedo, también me canso, pero sigo trabajando por ellos. – respondió.
  • ¡No es por ellos, idiota! Quieres algo grande para este café ¡Eso no va a suceder aquí! ¡Estoy cansada de verte siempre con la misma «candaleta»! Podríamos estar en un mejor lugar, teniendo mejores cosas para nosotros y para los niños.
  • Todo va a estar bien, yo te voy a proteger.
  • No quiero seguir asi. – indicó la esposa.
  • ¡Quiero otra vida! – prosiguió.
  • ¡¿Qué quieres hacer?! – preguntó el esposo.
  • Voy a volver, con más fuerza a trabajar, pero ahorraré una parte. En este país no pienso quedarme. Quiero vivir en una casa grande, hermosa, lujosa. Tener una habitación inmensa, jardín, un closet inmenso con mucha ropa, una cochera con uno o dos carros lujosos. Quiero la vida que merecemos. Ve tú, si decides acompañarme en esto o si te vas yendo a un departamento pequeño o a casa de tus padres. Yo me voy, y lo voy a lograr. – con gran determinación en sus ojos y apretando los dientes dijo estas últimas palabras a su esposo.
  • Llegó la hora en que sea un medio de sus deseos. Hoy dejé de tener opinión y voto en esta casa. Soy un objeto más. – pensó el esposo, pero no dijo lo que pensaba.
  •  Ok, vamos por ello. – Fueron las palabras que él soltó.

La Realidad Egoísta (5)

La Realidad Egoísta (5)

Años atrás.

  • ¡Que buen día hace, José! –le decía un padre expectante a su hijo.
  • José se quedaba callado ya que no sabía qué decir. Cómo determinar cuándo un día es bueno o malo si recién ha comenzado. -pensaba el niño.
  • ¡A trabajar! Vamos primero por la calle donde está la comisaría. –indicó el padre.
  • ¡Al fin! Falta poco para jubilarme. – hizo una pausa.
  • Oíste eso no, ¿Andrade? – Aumentando el volumen de la voz para que el sub comisario y el secretario Andrade, con quienes compartía oficina, escucharan.
  • ¡No señor!  Usted estará aquí siempre, ¡señor! –Exclamaba de pie y asustado, un inocente e ingenuo oficial Andrade.
  • ¡Acaso eres idiota! –mostrando un rostro serio y duro durante tres segundos mientras lentamente se esbozaba una sonrisa entre él y el sub comisario. Una sonrisa la cual se convertía en risas y pasado unos segundos más, en una estruendosa carcajada.
  • ¡Jajajajaja! – se reía mientras tosía el viejo comisario acompañado por las risas del segundo al mando.
  • ¡Me vas a matar de la risa, Andrade! ¿Para qué quiero quedarme en este mugrerío? Ya son demasiados años en este servicio. –replicó el viejo policía.
  • Escúchenme bien ustedes dos ¡Y esto es una orden! – exclamó el viejo guardián.
  • Tal vez de las últimas ordenes que no tengan que ver con casos policiales. – reflexionó Gonzales.
  • «No todo en la vida es trabajo. No quiero estar aquí para siempre. Quiero irme con mi señora a descansar. – dijo el comisario.
  • No se donde, todavía. Tal vez Miami, La Habana o Europa, no lo sé. Pero de que me voy, ¡me voy! – exclamó.
  • La agarraré de las manos, le besaré la frente, me sentaré a su lado a ver el paisaje, ya sean las olas en un balneario o el verde campo del pueblo pero me iré a vivir tranquilo y en paz con mi viejita. – dijo con voz calmada el cansado, viejo y sabio comandante Gonzáles, mientras veía en los dos hombres que compartían con él la oficina, a los hijos que nunca pudo tener.»
  • ¡Así que, se me dejan de estupideces! ¡Pónganse a trabajar! No voy a dejar esta oficina hasta que la ciudad esté en orden. – sonreía ligeramente.  
  • ¡Si señor!  – gritaron al unísono el sub comisario y el joven secretario Andrade en la oficina principal dentro de la comisaría, contemplando las palabras de un viejo león, un líder autentico, un orgullo para esa institución.
  • Oíste no, ¿Andrade? – Pero esta vez, con una voz suave y calmada.
  • Ya terminó tu turno y mañana estas de franco – le dijo el comisario.
  • Si señor. – contestó el secretario.
  • Entonces vete. De nada sirve que seas un buen policía sino eres un hombre feliz. Búscate una buena mujer, ten hijos. Y encuentra tu motivación para proteger esta ciudad. – añadió el comisario antes de sacar una cajetilla de cigarrillos de su bolsillo y ponerse a fumar un rato.
  • Lo intentaré señor. – Se levantó Ernesto, se puso su casaca policial, recogió su boina y salió de la comisaría.