El amor y el resentimiento compartían habitación en la zona de reposo del área de cuidados intensivos de una clínica. Ambos estaban siguiendo un tratamiento de quimioterapia intensivo, con la finalidad de salvarles la vida. Al resentimiento le había tocado la cama cerca a la puerta mientras el amor reposaba en la cama cerca a la ventana.
Todos los días el resentimiento le preguntaba al amor:
¿Que ves por la ventana? Solo llego a sentir una pequeña brisa que llega hasta mí.
Veo un parque inmenso, lleno de hermosas flores y pequeños árboles. El arbusto decorado en forma de corazón y al centro una pequeña pileta donde algunas parejas se sientan conversar y darse uno que otro tierno beso.
¿Todo eso ves? «preguntó el resentimiento»
¡Sí! Y no me lo vas a creer, pero el parque es mas hermoso cuando le caen los rayos del sol, tanto asi que vienen cisnes a posarse en la pileta y llegan niños a jugar, corriendo y saltando por doquier con sus padres.
¿En serio ves eso? «volvió a cuestionarlo el resentimiento»
Asi es. Qué hermosa vista. Se puede ver a las personas felices y sonrientes, llenos de alegría y con muchas ganas de vivir.
No había día en el que esta conversación no se repitiera. Todos los días el resentimiento le preguntaba al amor sobre las cosas que él veía a través de esa ventana.
Hasta que un día el resentimiento empezó a llenarse de enojo. Él también quería ver esas maravillas que el amor le describía con tanta euforia. Y en ese momento se empezó a cuestionar:
¿Por qué estoy postrado aquí y no allá? ¿Por qué no me pudieron poner en esa cama? ¿Qué tiene el amor que no tenga yo?
Conforme pasaban los días, los celos y pensamientos negativos del resentimiento se hacían mas fuerte, su semblante se mostraba disconforme, ansioso y molesto. Ya no quería hablar con el amor ni preguntarle sobre lo que veía a través de esa ventana. Sus sentimientos de una sana curiosidad se habían convertido en una profunda amargura hacia lo que él creía era un beneficio para su compañero.
Días mas tarde, el ambiente en la habitación se mantenía tenso y el amor no dejaba de toser, de sentirse enfermo cada día más. La quimioterapia no hacia el mismo efecto en él. Sus análisis mostraban resultados negativos. A pesar de los esfuerzos de los médicos, el amor seguía empeorando y su vida iba decreciendo hasta que, en un fatídico día, muere. Algunos doctores pensaron que tal vez fue un virus intrahospitalario. ¿Qué se yo?
El resentimiento se encontraba solo en la habitación, ya no tenia nadie con quien conversar que no fuera del cuerpo médico. Y, en ese momento, se le ocurrió que era una buena idea solicitar su cambio de cama. Pasar a la zona cerca a la ventana. Los médicos no tuvieron problema, parecía una solicitud loable para alguien que está atravesando una quimio. Asi que aceptaron.
Cuando el resentimiento pudo echarse en la nueva cama cerca a la ventana y al fin ver las maravillas que tanto le había narrado el amor. Se topó con que frente a la ventana había una muralla de ladrillos. Ni parque, ni flores, ni cisnes en piletas, no había parejas besándose y sonriendo ni niños jugando con sus padres.
El amor había estado hablándole de imágenes bellas que salían de su mente. Probablemente con la intención de que el resentimiento se sintiera mejor, animarlo y darle fuerzas para vivir. De esa manera, podrían superar este tratamiento y salir juntos del hospital. El amor solo pensó en darle ánimos, pero el resentimiento se llenó de envidia, empezó a creer que el otro era más afortunado que él y lleno su corazón de celos e ira.
Moraleja de esta historia: No cargues con cosas que puedes habértelas creado en tu mente o que pueden ser simples sucesos del destino, incontrolables, si eso va matando lentamente tu ánimo, tu amor. Tal vez no sepas el tremendo trabajo que tu amor está haciendo en ti para sanarte.
Extracto parafraseada del mensaje: Acuérdate de Perdonar.
¡Hasta cuándo vas a seguir con este sueño estúpido! ¡No ves, que los pesos no nos alcanzan! ¡Estoy cansada de esto! No voy a pasarme la vida lavando platos y vasos – gritaba la madre mientras el hijo mayor veía con temor la expresión en su rostro.
¿¡Por qué hablas asi!? ¡Siempre me tratas igual! – responde el esposo.
Tenemos dos hijos, tenemos que pagar la luz, el agua y el teléfono. ¿No te das cuenta? – continuó enfurecida la esposa.
Estoy haciendo lo mejor que puedo, también me canso, pero sigo trabajando por ellos. – respondió.
¡No es por ellos, idiota! Quieres algo grande para este café ¡Eso no va a suceder aquí! ¡Estoy cansada de verte siempre con la misma «candaleta»! Podríamos estar en un mejor lugar, teniendo mejores cosas para nosotros y para los niños.
El padre «Gran Empresario» no quiere continuar la pelea, sabe que por más dolorosas que son las palabras de su amada, eran ciertas. Este país no da oportunidades a pequeños empresarios. Nadie recordaría a este país por su cafetería de mierda. Pero su esposa encolerizada no pretende acabar con su sed de ira, quiere ver sangre. Encuentra un plato a la mano y se lo lanza a la altura del hombro, lo que genera que prosiga la pelea entre ambos.
José estupefacto solo se le ocurre ir al cuarto de su hermanito y encerrarse. Ve que dormido ha permanecido y lo carga en señal de protección. Suelta lágrimas de tristeza, pero no emite sonido alguno. Con voz temblorosa solo atañe a decirle al pequeño bebe.
Todo va a estar bien, yo te voy a proteger.
En esos años, José ni Esaú entendían los niveles de ambición que puede tener una persona, ni hasta donde puede llegar su fuerza de voluntad por alcanzar sus metas. «Si son egoísta o no, eso es algo que solo podrán juzgar ustedes».
Pasada la «Quema de Troya» los esposos con arañazos y moretones en la piel y en el alma conversan.
No quiero seguir asi. – indicó la esposa.
¡Quiero otra vida! – prosiguió.
¡¿Qué quieres hacer?! – preguntó el esposo.
Voy a volver, con más fuerza a trabajar, pero ahorraré una parte. En este país no pienso quedarme. Quiero vivir en una casa grande, hermosa, lujosa. Tener una habitación inmensa, jardín, un closet inmenso con mucha ropa, una cochera con uno o dos carros lujosos. Quiero la vida que merecemos. Ve tú, si decides acompañarme en esto o si te vas yendo a un departamento pequeño o a casa de tus padres. Yo me voy, y lo voy a lograr. – con gran determinación en sus ojos y apretando los dientes dijo estas últimas palabras a su esposo.
El «Señor Carisma» no se veía nada contento. No sabia si era una invitación o una amenaza, estas últimas palabras. Él amaba a su esposa, pero después de su segundo hijo, su carácter había cambiado. Ya no era una negociante estratégica, sino un león imponente.
Llegó la hora en que sea un medio de sus deseos. Hoy dejé de tener opinión y voto en esta casa. Soy un objeto más. – pensó el esposo, pero no dijo lo que pensaba.
Ok, vamos por ello. – Fueron las palabras que él soltó.
Dos años habían pasado desde ese incidente y los niños percibían con más claridad quién tenia la última palabra en este hogar. Estabas con ella y agachabas la cabeza o contra ella y te iba a esperar el peso de todo el mundo contra ti. José, el mayor, lo veía más claramente. Vivian una encrucijada diaria por no saber qué decisión tomar.
Unos meses mas adelante, la matriarca de la casa ya ocupaba un cargo medio en una empresa transnacional donde era galardonada casi cada mes por sus logros en ventas. No había regalo, obsequio, detalle que recursos humanos no le diera, a nombre del gerente comercial y el gerente general de la empresa.
Esaú se asoma a ver una pequeña tarjeta encima de un inmenso regalo con forma cúbica que decía: Gracias a tí, vamos a llegar lejos. Necesitamos que tus compañeras sean más como tú. ¿Te nos unes en Colombia? Atte. XX, Gerente Comercial Corporativo.
En días como hoy
soñábamos con el mañana
reíamos con nuestro niño
jugábamos a construir una casa.
En tardes como esta
el sol nos alegraba los almuerzos
uno lavaba y el otro secaba,
veíamos juntos el noticiero.
En noches como aquellas
conversábamos hasta dormirnos
me abrazabas tiernamente,
mientras te besaba con pasión.
En un día como hoy
no cesaron las peleas
tu brújula cambio su dirección
tus prioridades fueron otras
y tu mente se abrumó.
En tardes como esta
dejaste de necesitarme
me viste como un banco
tus padres como chofer
y tu jefe como un fiasco.
En una noche como hoy
al borde de mi cama
solo oigo mis lamentos
en un hogar abandonado
recordé que no te comprendo,
qué nunca entendí
cómo tu religión
pudo dejarnos morir.
En días como hoy
veo la diferencia entre actuar y decir
las pocas ganas de aprender
confundir el cambiar con mejorar
y la confusión de tu querer.
En una noche como hoy
soy amante de mi soledad
compañero de mi tristeza
y retratista de mi memoria.
Gracias
Y Adiós.
Entre líneas bien escritas
y cambios de formato
entrego mi esperanza.
Hojas mesuradas
colgadas de una foto
en una fría plataforma
parto mí conocimiento.
Late a mil mi corazón por la ansiedad
malgastando mis ojos llorosos
embriagándome por la angustia.
Leyendo de ofertas y propuestas
postulaciones vacías
que no tienen retorno
de los reclutadores.
En la crisis permanente
de ver gastos y no inversiones
solo somos números
para la gran empresa.
Donde regatean tu valor
juzgan tus características
minimizan tus logros
pero al final
usan el mismo cliché:
“No eres tú, somos nosotros”.
Qué pena ver
la experiencia desangrada
las habilidades omitidas
las esperanzas crucificadas.
Qué pena observar
al tirano buscando
entre los sobrevivientes
a los nuevos esclavos.
El más fácil de explotar
más sencillo de abusar
mas barato en el mercado.