Ambición desmedida! / Insatiable ambition!

Ambición desmedida! / Insatiable ambition!
La avaricia no elige arrugas ni canas,
es un dios sin párpados que nunca duerme.
Anida lo mismo en la tersa mejilla,
en el pecho curtido que la tarde hiere.

He visto a un niño
romper las patas de un pájaro
por un puñado de canicas turbias,
y olvidar el color exacto de la risa
bajo un pacto de dulces y juguetes rotos.
Su cielo se volvió trueque,
su hora de recreo, un mercado.

He visto a un joven
sembrar su pecho de cifras y corbatas,
vender la primavera por un despacho de humo,
hipotecar el latido más hondo
a cambio de un aplauso que se oxida al instante.

Llegó a la cima descalzo de afectos,
rey de una torre que el viento mordía.

He visto a un anciano
contar monedas con dedos de niebla,
cerrar la puerta al hijo que pedía un abrigo,
no de tela, sino de palabra y arrimo.

Amontonaba inviernos para comprar un sol falso
que no calentaba su propia mortaja.

Es la misma epidemia con distintos pañales.
Es la misma hambre invidente que no tiene remordimiento:
primero es un dulce, después un imperio,
siempre un espejismo que al beberlo
deja más sed que antes de tenerlo.

Porque la ambición sin riendas
no es vuelo, sino jaula que devora cuanto toca,
y al final, cualquier fortuna mal habida
es una piedra en el pecho
donde debió crecer un árbol,
un nombre malvado,
o el simple humano que tiene
una ambición desmedida!


Greed doesn't choose wrinkles or gray hair,
it's a god without eyelids that never sleeps.

It nests just as easily in the smooth cheek,
in the weathered chest wounded by the afternoon.

I've seen a child
break a bird's legs
for a handful of murky marbles,
and forget the true color of laughter
under a pact of sweets and broken toys.

His sky became a barter system,
his recess, a marketplace.

I've seen a young man
sow his chest with numbers and ties,
sell spring for a smokescreen,
mortgage his deepest heartbeat
in exchange for applause that rusts instantly.

He reached the summit barefoot of affection,
king of a tower gnawed by the wind.

I've seen an old man
count coins with fingers of mist,
close the door to the son who asked for shelter,
not of cloth, but of words and comfort.

He piled up winters to buy a false sun
that couldn't warm his own shroud.

It's the same epidemic with different diapers.

It's the same blind hunger that knows no remorse:
first it's a sweet treat, then an empire,
always a mirage that, once consumed,
leaves you thirstier than before.

Because unbridled ambition
is not flight, but a cage that devours everything it touches,
and in the end, any ill-gotten fortune
is a stone in the chest
where a tree should have grown,
a wicked name,

or the simple human being who has
an insatiable ambition!

Salvaje / Savage

Salvaje / Savage
Fue dama de seda y promesa,
de juncos dulces al andar;
mas la sortija fue su presa
y el pacto, su primer despertar.

Su lengua es daga sin vaina,
su voz, jauría al despertar;
siembra veneno en la copa
que yo, por costumbre, he de alzar.

Cada palabra es un zarzal
que en mi pecho echa raíz;
y aún así, busco su faz
porque su sombra es mi país.

She was a lady of silk and vow,
of reeds that swayed with gentle grace;
but the ring became her claw,
and the vow, her first embrace of chase.

Her tongue is a dagger without sheath,
her voice, a pack that bays at dawn;
she pours her venom in the cup
I raise each night and drink upon.

Each word she speaks is briar and thorn
that roots itself deep in my chest;
and still I search for her cruel face—
because her shadow is my rest.

Ciegos

Ciegos
Nos sentamos en extremos, de una mesa de madera vieja,
tú con tus silencios, yo con mis tormentas
de palabras que nunca dicen lo que deben,
de gestos que olvidaron ser caricia.

Te señalo cada grieta en tu armadura
—lo hago sin pensar, como un vicio—
pero cuando ganas, cuando brillas,
mi lengua se vuelve un nudo,
mi aplauso duerme en un cajón sin llave,
sabiendo que debí abrirlo.

Tampoco tú, sabes leer mis batallas,
las guerras pequeñas que libro cada día,
solo para traerte un poco de calma.
No veo el peso de tu ofrenda,
como tú no ves el peso de la mía.

Y es curioso:
lo que para mí es montaña,
para ti es llanura.
Lo que tú cargas como un mundo,
yo lo rozo sin darme cuenta.

Así seguimos,
dos torpes e inmaduros,
llevando libros distintos:
tú anotas mis ausencias,
yo subrayo tus olvidos.
Ninguno suma lo que el otro ha dado.
Ninguno suma el sacrificio otorgado.

Quizás el amor sea esto también:
un antiguo trueque fallido,
donde cada quien valora
con balanzas desniveladas,
con monedas que el otro no acepta.

Y mientras nos insultamos sin vernos,
seguimos sentados en la misma mesa,
sin saber que los dos valemos,
pero no sabemos, lo que el otro pesa.

A mi jefe con cariño. (Parte I) / To my boss with love. (Part I)

A mi jefe con cariño. (Parte I) / To my boss with love. (Part I)
Ella es el filo que no corta, pero desangra,
la rutina hecha veneno en cada mañana.
Su voz no ordena: entierra.
Su presencia no vigila: apuñala por dentro, sin prisa.

Cada amanecer es un veredicto:
otro día bajo su sombra alargada,
otro trago de este aire que huele a derrota,
otra prueba de que el entusiasmo se pudrió en su escritorio.

Me pide metas mientras me quita las alas,
me exige brillo mientras apaga mis luces.
Su «buenos días» es un acta de defunción para mi ánimo.
Su sonrisa, un recordatorio de que a ella le divierte verme roto.

He llegado a odiar el techo de esta oficina
porque es el mismo cielo que ella mancha de plomo.
He llegado a confundir el tictac del reloj
con las cuentas regresivas que nadie pidió.

Y en los momentos más oscuros,
cuando el cansancio ya no es del cuerpo sino del alma,
he pensado que tal vez el descanso eterno
duele menos que otro informe suyo con correcciones en rojo.

She is the blade that doesn’t cut, but bleeds,
routine turned into poison every morning.

Her voice doesn’t command: it buries.

Her presence doesn’t watch over: it stabs from within, unhurriedly.

Each dawn is a verdict:
another day under her long shadow,
another gulp of this air that smells of defeat,
another proof that enthusiasm rotted on her desk.

She demands goals while clipping my wings,
she demands brilliance while extinguishing my lights.

Her «good morning» is a death certificate for my spirit.

Her smile, a reminder that she enjoys seeing me broken.

I’ve come to hate the ceiling of this office
because it’s the same sky she stains with lead.

I’ve come to mistake the ticking of the clock
for the countdowns no one asked for.

And in the darkest moments,
when the weariness is no longer of the body but of the soul,
I have thought that perhaps eternal rest
hurts less than another of your reports with corrections in red.