Cómo espero mi paga.
Cómo visitan las deudas.
Cómo veo volar el dinero.
Cómo justifico mi existencia.
El hombre trabaja día y noche sin cesar.
Pero no recibe nada más que tus antojos.
Pero no recibe nada más que tu pesar.
Quejas salen de tu boca.
Reclamos pronuncias sin parar.
Y es que malos padres enseñan solo a pedir.
Pero nunca educan en el arte de dar.
Hay dramas que no tienen juicio.
Miedos que no nos dejan de atormentar.
Problemas, inexistentes, que torturan la mente.
Y angustias afanosas que se regocijan al vernos sangrar.
No vengo a hablarte de mi sufrimiento.
Ni vengo a dar pena sin parar.
Pues solo procedo a desahogarme sin remedio.
De los compromisos que debo acatar.
La rutina de la vida misma no es consuelo.
Y las malas decisiones, ¡presentes!, siempre están.
La vida no te devuelve lo invertido.
Y tu lucha no tiene cuando parar.
Cuando él o ella te ven como un instrumento.
Y tú, todo lo das.
Cuando pienses que estás atrapado.
Y por más que quieras no puedas llorar.
Recuerda a este humilde escritor.
Recuerdas sus afanes; ¡su pesar!
Levántate de donde estés.
A la distancia te podría abrazar.
Y es que un alma sufrida entiende a otra.
Un sentimiento que debes botar.
Una persona que sabe por lo que estas pasando.
Una persona que vive, la cruel realidad.
Ánimo.